Mi historia con CHIKUNGUNYA

Por Yelicsa Ortiz

Para los que no han oído hablar de chikungunya o no están familiarizados con esta enfermedad  les voy a contar, más que la parte científica, mi experiencia con ella y entenderán por que “me cae mal” para no usar palabras más fuertes y los que han pasado por eso me darán la razón.

Brevemente  les comento:  chikungunya es una enfermedad vírica transmitida a través de la picadura del mosquito AEDES AEGYPTI  o comúnmente conocido como patas blancas (quien se iba a imaginar que un pequeño mosquito fuese capaz de provocar tantos problemas). El virus causa fiebre alta, dolor de cabeza, dolores en las articulaciones y dolor muscular, unos tres o siete días después de ser picado por un mosquito infectado.

¿Por qué les cuento esto en este momento? porque con las lluvias ha proliferado otra vez los mosquitos y he conocido varios casos de dengue y chikungunya, lo que trajo a mi mente los malos ratos que esta me hizo pasar.

Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, el 16 de noviembre de 2015, ese día apenas desperté ya estaba prendida en fiebre, tenía mucho malestar y cuando intenté levantarme de la cama no pude moverme. El día anterior estuve sintiendo una molestia, un dolor extraño en la rodilla que el año pasado me habían operado. Ese año alertaron de los grandes brotes de chikungunya, lo que me hizo pensar que finalmente mi día había llegado, el chikungunya me había encontrado y ahora era su víctima.

Pensé “calma y cordura” había leído,  y cito: “que un porcentaje alto de pacientes tienen una afección ligera a moderada, poco limitante y que finaliza en unos siete días sin que resulte relevante buscar atención médica”, lo importante era cuidarme bien, ya estaba mentalmente preparada que debía mantener reposo, tomar líquido, tener acetaminofen para el malestar, etc.

No me imaginaba que la historia iba a ser otra. Fueron 5 días exactos con fiebre alta y mucho malestar, solo quería estar acostada. El sexto día amanecí mejor, la fiebre se había ido, pero ahora aparecía una erupción en la piel, unas manchas rojas en mi cuerpo, créanme en TODO el cuerpo. Me veía al espejo y tenía cierto parecido con la pantera rosa pero latina y con pelo rizado (tratando de mantener el buen humor a pesar de cómo me sentía).

No sé, pero me daba la impresión, que mi cuerpo estaba consciente de todo lo que yo había leído de los signos y síntomas del chinkunya y se empeñaba en demostrar de manera muy precisa cada uno de ellos. Por otra parte yo solo pensaba que la ley de Murphy se cumplía a cabalidad (todo lo que puede pasar, pasará).

La picazón y ardor eran desesperantes, lo que hacía que los días se hicieran eternos, así estuve más de una semana. Finalmente comenzaba a desaparecer la erupción en la piel, y ¿adivinen qué? amanecí con inflamación y dolor muscular (aún más). Mis manos,  codos y pies eran los más afectados. No se diferenciaba el pie y el tobillo. Me dolía hasta el alma. En mi caso mano derecha, dedo pulgar y rodilla izquierda (que era la operada) eran los puntos más sensibles. No podía caminar, ni moverme, el dolor era insoportable. Entre el dolor recordaba que el origen de la palabra chikungunya viene de la lengua africana Makonde, que quiere decir algo como “doblarse por el dolor” y pensé que nunca estuve tan de acuerdo con algo, como  que ese nombre le quedaba perfecto.

Sin darme cuenta ya estábamos en diciembre, se acercaba la navidad, comencé a sentir “mejoría” o eso creía, lo que no sabía era que  justo el 17 de diciembre  chicungunya iba a regresar a celebrar el mes de haber llegado a mi vida, como decía mi abuela “alegría de tísico” total que pasé a lo que llaman segunda etapa, o sea, comenzaba de nuevo todo el calvario, se repetía el circulo con todos los síntomas, solo que más leves (gracias a Dios)

Esa navidad fue diferente, para no llamarla de otro modo, ya que hay cosas peores. Pero, en fin en piyama y sin ganas de moverme, rogando porque el niño Jesús, Santa, y los reyes magos, todos juntos se llevaran esa chikungunya y me trajeran mucha salud.

Año nuevo…

Ya en enero, (saquen la cuenta del tiempo que pasó) deprimida y preocupada pensando  en las consecuencias de este virus, fui a consultar al médico reumatólogo, y lo que me temía me diagnosticó con artritis post chikungunya, allí entendí que esta enfermedad deja sus huellas y que tarde o temprano pasa factura a todo el que haya sido su víctima.

Tuve que comenzar de nuevo terapia física para la rodilla, como si me acabaran de operar y en las manos para calmar el dolor.

Seguramente muchas personas han tenido una experiencia similar a la mía, quizás peor (y yo quejándome 😦  ) así como también, muchos  que ahora después de 2 años, están viendo algunos de los efectos como los dolores musculares y artritis,

Por mi parte cada vez que veo un zancudo y pienso en chikungunya, me asusto. Espero que ahora  entiendan el por qué de mi despecho  🙂

Bueno, esta fue mi historia, y si te sientes identificado puedes dejar tus comentarios y además compartirla.

infografía chikungunya
Información de chikungunya
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